Desde hacía algún tiempo Javier tenía pesadillas y no quería ir al colegio. Su madre no se explicaba la razón,hasta que el niño se sinceró con ella, ni se le pasó por la mente que pudiera ser víctima de acoso infantil.
“Me dijo que tenía miedo, que un niño de su clase le insultaba y le empujaba en el autobús del colegio. No se me había ocurrido porque siempre he creído que el acoso ocurre en la adolescencia y preadolescencia y no con niños de cinco años”, cuenta Mari Paz Hernández, madre de Javier.
El acoso infantil ha existido siempre, parece que forma parte del desarrollo humano y no es difícil encontrar un adulto que de pequeño haya sido intimidado por sus compañeros. La Asociación Nacional de Educación de Estados Unidos calcula que diariamente 160 milniños faltan a la escuela porque tienen miedo de ser acosados. Son cientos las escuelas que han implantado programas de prevención del acaso infantil.
Pero no por ser algo común, es aceptable. Al contrario, es un comportamiento que simplemente no se puede tolerar y que si se deja pasar puede tener consecuencias nefastas.
Las víctimas de acoso infantil sufren insultos verbales, ataques físicos y exclusión, que convierten su vida en una pesadilla y que en el mejor de los casos pueden llegar a afectar profundamente el equilibrio emocional y la autoestima del niño.
“Las investigaciones indican que (los estudiantes) que son objetivos del acoso continuado de sus compañeros se encierran cada vez más en sí mismos y se deprimen. Existe otra reacción mucho menos común ante el acoso escolar que es la agresión y la hostilidad”, indican en un informe las doctoras en psicología Patricia Marks Greenfield y Jaana Juvonen.
Mientras los varones tienden a la violencia física, el acoso de las niñas suele ser psicológico e igual de dañino que el de los niños. En ambos casos el acoso de otro niño más débil hace sentir poderoso al agresor, que irónicamente suele ser una persona insegura, que recibe poca atención de sus padres, que ve mucha violencia por televisión y que puede ser él mismo víctima de acoso en casa.
Por su parte, los niños intimidados suelen ser “diferentes” de alguna manera (más gordos, más altos, de otra nacionalidad, de otra raza, pueden usar gafas o ser más tímidos), suelen ser también más débiles física o psicológicamente.